jueves

Poessoa


¿POESSIA
EN EL CAJERO?

O¿PESSOA
EN EL CAJERO?
Era un ser inquieto que comenzó a sentir el peligro de amar al prójimo,
era un danzarín, que bailando y bailando, conoció lo justo y lo injusto.
Se cansó de callar y comenzó a escribir
a cantar
a salir.

No se encerraba en su mundo de libros; vivía la ciudad.
Adentro
inmerso en ella
sintió y sufrió sus injusticias
cantó y bailó sus delicias
suspiró por tantas sonrisas...

Una vez
al borde de un camino
se encontró con El Gran Peligro.
Pero quiso Afrodita salvarlo
y veinte mujeres lo cubrieron con sus manos.

Su cabello largo y su mirada tranquila
su cuaderno y su mochila
sus sombreros y su estruendo de risa
su bandola, su música, su licor
su sed, su alma
su niño, su ama
su suerte, su cielo
su muerte, su tierra
su calma, su danza.
Ahora su vida es una zaga...

Legendario entre los dignos
Señor K komprometido.
Como amado por los dioses conocía su destino: morir joven, vivir este sino.

De las tentaciones mortales, del dinero y sus comodidades
estaba tan a salvo como está el loco de la ley.
Al dinero le hacía su trampa convirtiéndolo en néctar destilado del tiempo
A los sitios lujosos no se podía negar
persona pública era
personaje amado y odiado
admirado y criticado.
A esos lujos les cantaba desaires:
“hay tres o cuatro mamarrachos con los que yo estoy mejor…”

Amigo de los niños, amado de mujeres
artista sufriente, conciente e inconciente
amante de los vinos
su voz y su bandola
su mano grande, su cuerpo fuerte
su alegría, su paz, su calma
su amor, su amistad, su vida.
Descansan todos con su padre Apolo, quien lo protegía
Quiso el Hado darles descanso a su cuerpo y su alma de Aeda,
cayeron sobre él todas las saetas de un mal encuentro
Afrodita no pudo defenderlo y él ya no podía permitirlo
Le pidió a la diosa, que estuviera con nosotros mientras duraba su cautiverio.

Ahora todos loadle, recordad al hombre de pies ligeros.

¡Mal de ojo cayó a todos nuestros animadversos!
Desde aquí, contra todos los demás enemigos,
procuro,
por Febo el flechador,
mal de oído.
Para Lo-Pez... In memoriam.

miércoles

Por todo el amor de siempre

Cuando era niño pensaba que todas las mamás del mundo eran igual de buenas. Que lo lógico sería eso. Ahora que he crecido, las maternidades que mi profesión me ha mostrado me recuerdan el privilegio de haberte tenido como madre. Cucha, te lo llegué a decir antes, "en vida, hermana, en vida", y te lo estoy diciendo en cada lágrima y cada pensamiento: gracias por ser siempre esa maravillosa excepción, gracias porque las excepciones maravillosas son el verdadero milagro.
Cucha hermosa, nos enseñaste a poner discos en el equipo que tanto cuidaba Emilio, sabiendo confiar en tus instrucciones claras y tus advertencias de hacerlo "con harta mañita". Desde esa tarde, ya no tuvimos que conformarnos con bailarnos solo la música colombiana que ponía la televisión cuando Inravisión se demoraba en informar que "a partir de este momento comienza la programación educativa y cultural". Nos habías regalado el fuego de la música y el misterio de los discos y sus velocidades.
Supiste convertir las tablas de multiplicar y las capitales de Colombia en rimas y juegos de palabras que más allá de hacerse indelebles nos enseñaron que estudiar podía ser creativo y que el peso de toda obligación  puede anestesiarse con una pizca de humor. En vez de una asociación aburrida y arbitraria de nombres, Mitú-Vaupés, nos regalaste una historia con sentido: entre mí y tú va un pez.
En tu amorosa previsión supiste que no era imprudente enseñarnos desde niños sobre serpientes y el método más eficaz de matarlas. Las dos mapanacitas que se aventuraron más allá de los límites del canal Bogotá rumbo al paraíso de gallinas y pájaros que era nuestro solar fueron testimonio de que tus enseñanzas no eran insensatas. Ellas, como es costumbre entre serpientes, no contaban con una madre cuidadora.
Vos, Cucha, la mamá extraordinaria de tantos y tantas, hijos, primos, amigos, con quienes siempre fuiste maternal, consejera, cariñosa; con tus patacones legendarios, tus chistes agudos, tus confidencias y consejos atentos; nos enseñaste a amar sin condiciones y sin pereques, con todas sus aristas y caras. 
En lo sutil de cada momento, tu ser amoroso se manifestó para cuidar y amar. Con el huevito de yema blandita, el buñuelo en forma de muñeco o la arepita con carita feliz para Sara, Ismael y para cualquiera que en un momento de enfermedad, soledad o vulnerabilidad se hiciese ante tus ojos como un niño necesitado de cuidados. Porque veías con los ojos del alma. Esos ojos con los que pudiste recordar el camino al parque de muchas cosas para llevarnos a jugar, sin que los afanes y preocupaciones cotidianas te hicieran olvidar que los chiquitos necesitan jugar, que así es como aprenden, que cuando crezcan extrañarán, recordarán y agradecerán cada pequeño juego, cada momento feliz. Es cierto, mi cuchita. Cada momento con vos es un tesoro en mi memoria. Cada aventura en moto, cada conversación, cada mimo, cada canción, cada historia, cada chiste, cada enseñanza...
Hay lágrimas de nostalgia porque tu presencia se transforma. No es tristeza. Es gratitud y saber que vos ya estarás con nosotros de una forma que aún no entendemos, que estamos aprendiendo a sintonizar. Todos te necesitamos en muchos momentos. Todos te contamos nuestras cuitas alguna vez. Todos fuimos atendidos y recibidos en tu casa, en tu cocina, en tu gallinero. A todos nos hiciste reír con tus comentarios y ocurrencias. Todo lo que siento hoy, ese montón de recuerdos, todo ese dolor de lo que ya no será igual, porque se transforma y pervive en el recuerdo, todo ese montón de momentos que vienen y van y se turnan en procesión haciéndose memoria, todo eso se resume en infinito agradecimiento por todo el amor de siempre.

domingo

ritual

Ella era un trompo, rápido y estable; plumito en la pista de la discoteca. Sus pies, fundidos con la percusión y el bajo, levitaban acariciando cada centímetro de baldosa. Su parejo la seguía sin percatarse de la latencia de sus pasos en comparación con la danza celestial de sus tenis blancos. Alrededor, luces neón y cervezas a medio terminar. Cada paso de su danza flotaba en una especie de trance espiritual de contacto con lo más ancestral de cada ritmo.