miércoles

Inframundano


Ser evolucionado
Tal vez caigas en el abismo de tus palabras
Con las que has elevado altos muros
Para esconder a tu minotauro
Y temblarás de miedo
Al verte frente a frente contigo.
Y cuando eso suceda
Yo estaré allí,
Y, en vez de juzgarte,
Te tenderé la mano,
De minotauro a minotauro.
Cuando se caiga tu castillo de naipes
Y te canses del impulso eléctrico;
Cuando busques un sentido a tu andar,
Y tu canto no enloquezca,
Y quieras compañía,
Estaré allí,
Y, en vez de huir de tu presencia,
O de menear la cabeza,
Te miraré fijamente
Y sabrás que puedes unir
Tu canto con el mío.

jueves

Devenir

Viajar
      Morir
           Volar
Caer
     Naufragar
           Navegar

Inundarse de miedo
Anegarse de deseo
Remar
Chapalear
Nadar
Ahogarse
Dejarse llevar por el hilo del río
como un ataúd flotante
como una canoa humana
como una hoja que se hunde
y vuelve a flote en cada remolino

Llegar al lecho profundo
descansar en la arena
olvidarse de la superficie
cultivar algas
acoger los renacuajos
esconder los cangrejos
oscurecer
convertirse en el río.

Hundirse
     Incrustarse
            Dormirse
Flotar
      Salvarse
             Arribar

   



Norte-Sur

El día en que naciste para mí, lo hiciste como una idea incómoda y pesada, como una posibilidad que estorbaba mis deseos.
Hoy eres grande, irónicamente más avanzado y poderoso, grandioso y fanfarrón.
Te me presentas como "la única posibilidad" en mi camino y me miras desafiante.
Te crees importante y único.
Te crees arriba de mí y los míos. Y, con todo ese narcisismo, sé que me tengo que enfrentar a vos, acercarme, internarme, descubrirte; ¡tal vez haya oro o diamantes en tu seno y yo tan solo vea tu cubierta mohosa y ruinosa...!

Por eso te miro junto a mi propio camino y sé que no me olvidaré de mis riquezas, de mis preciosas piedras verdes y doradas.
Te he de conocer para darte la oportunidad de la epojé, no para que tu me des "tu oportunidad".
Yo seré quien se aproveche de tus riquezas porque he de traerlas de vuelta a donde pertenecen.

Me paro sobre ti, sobre tu mirada arrogante y miro al horizonte, hacia el Sur, para no olvidar el camino de regreso.

Grande, firme, sabio, así volveré de tu árida escuela y, así como mi primer destierro, será corto y se sentirá largo. Entonces te volveré a mirar y ya no me parecerás amenazante.